Lo que estaba pensado como un encuentro social entre diputados de la UDI terminó convertido en una incómoda reunión política para La Moneda. La llegada de Claudio Alvarado y del vocero de Gobierno, Gonzalo Arenas, al asado organizado en Concón abrió una conversación a “calzón quitado”: parte importante de la bancada no está dispuesta a asegurar sus votos para rechazar una acusación constitucional contra el ministro de Justicia, Fernando Rabat. Y hubo un segundo mensaje: el Gobierno debe ordenar a Republicanos.
El encuentro estaba planificado desde hace meses. Se trata de uno de los asados que la bancada realiza dos veces al año, esta vez en la casa de Rodrigo Pinochet, histórico asesor de la UDI y actual coordinador legislativo de sus diputados en la Cámara. La actividad había sido postergada varias veces por las lluvias y su organización contó con aportes de los propios parlamentarios.
Según antecedentes recabados por Radio Bío Bío y BioBioChile, una diputada se encargó de aportar toda la carne para el asado, mientras que algunos asistentes contribuyeron con $10 mil cada uno para cubrir los gastos que faltaban.
La fecha terminó coincidiendo con la crisis por las rebajas de penas a condenados por delitos sexuales contra menores de edad. Varios parlamentarios llegaron con ganas de compartir y evitar la polémica. Pero esa misma tarde se les avisó que asistirían Alvarado y Arenas. Algunos se enteraron con poco tiempo; otros ni siquiera vieron el mensaje.
Su llegada cambió el tono de la jornada. Lo que había comenzado como un asado terminó en una conversación sobre el futuro de Rabat, la acusación constitucional y la relación entre los partidos oficialistas.
Una conversación a “calzón quitado”
Según fuentes presentes en el encuentro, Alvarado expuso la posición del Ejecutivo en una intervención que habría durado cerca de media hora. Posteriormente, el ministro se dedicó fundamentalmente a escuchar los reparos e inquietudes de los diputados de la UDI.
El mensaje central fue que el Presidente José Antonio Kast no sacará a Rabat. Según las mismas fuentes, Alvarado sostuvo que cualquier posibilidad de salida quedó cerrada cuando el mandatario ratificó públicamente al ministro. Arenas, en tanto, defendió su respaldo por convicción y llamó a mantener alineado al oficialismo.
La respuesta de varios diputados fue igual de directa: también actuaban por convicción, pero la suya estaba con los niños. Reconocieron cualidades en Rabat como ministro, aunque consideraron que, por la gravedad del error en una materia tan sensible, debía dar un paso al costado. La continuidad del secretario de Estado, advirtieron, está perjudicando al Gobierno.
Pese a la franqueza de los intercambios, asistentes valoraron que las autoridades fueran a escuchar sus inquietudes. No todos, eso sí, estaban cómodos con el giro de la jornada.
Según fuentes consultadas por Radio Bío Bío, el diputado Cristóbal Martínez optó por retirarse del asado tras la llegada de Alvarado y Arenas, molesto porque una actividad originalmente recreativa terminara convirtiéndose en una reunión política. Su salida generó un momento de incomodidad entre los presentes, incluidos los representantes del Ejecutivo.
Pérez, Teao y Neumann: las distintas posturas frente a Rabat
Uno de los cruces más directos fue entre la diputada Marlene Pérez y Alvarado. Según testigos, ella insistió en que no cambiaría su postura por presiones ni eventuales sanciones: su trayectoria en asuntos de infancia le exigía ser consecuente. Aclaró que estudiará los méritos del libelo, pero que le resultaría muy difícil votar en contra de la acusación.
Hotuiti Teao también mantuvo sus reparos a la permanencia de Rabat. Sobre el trato que recibió, sin embargo, hay relatos distintos.
Uno de los asistentes señaló fuera de micrófono que hubo intensos intentos por convencerlo de modificar su postura, mientras que otros aseguran que no fue presionado. De hecho, sostienen que pudo conversar de manera muy distendida, incluso utilizando algunos términos de grueso calibre, en un ambiente de confianza y camaradería.
Otras fuentes precisan que buena parte de los intentos por persuadirlo provinieron de sus propios compañeros de la UDI, particularmente de aquellos que están convencidos de rechazar la acusación constitucional, más que de las autoridades del Ejecutivo.
A ellos se sumó Ricardo Neumann. Según asistentes al encuentro, el diputado UDI planteó de manera franca y directa que una salida de Fernando Rabat del Ministerio de Justicia podría contribuir a descomprimir la crisis política que enfrenta el Gobierno, una vez aprobado el proyecto de ley impulsado por el Ejecutivo para subsanar los problemas que dieron origen a la controversia por las rebajas de condenas.
El problema para La Moneda, sin embargo, excede a estos tres nombres. Parlamentarios presentes estiman que cerca de la mitad de los 19 diputados de la UDI no quiere comprometerse a votar contra la acusación. No es un conteo cerrado ni significa que todos vayan a aprobarla: varios insisten en que primero deben conocer el libelo. Pero sí revela la dificultad de conseguir una posición común.
La alternativa que algunos plantean es que Rabat deje el cargo antes de que la acusación llegue a la Sala. Así evitarían tener que escoger entre respaldar a un ministro cuestionado y enfrentar al propio Gobierno.
El costo de defender a Rabat en los distritos
La discusión también tuvo un componente territorial. Según las mismas fuentes, uno de los diputados advirtió que no quería aparecer en el tablero de votación rechazando la acusación, para después tener que explicar esa imagen en su distrito. Temía que parlamentarios opositores de la misma zona utilizaran su voto para cuestionarlo por la defensa de un ministro involucrado en la polémica por beneficios a condenados por delitos sexuales contra menores.
Algunos asistentes describen además una tensión histórica en la UDI: no siempre coinciden los parlamentarios ligados a mundos sociales y populares con los sectores más próximos a la conducción tradicional del partido. En un asunto asociado a la protección de la infancia, esa diferencia dificulta todavía más alinear a la bancada.
A ello se agregan molestias por la instalación del Gobierno en ciertas regiones y por los espacios que han tenido los distintos sectores en los nombramientos. No explican por sí solas la resistencia a Rabat, pero forman parte del malestar acumulado. De hecho, algunos diputados también han mencionado las críticas formuladas desde la Fundación Jaime Guzmán a la continuidad del ministro, como una señal que el Gobierno debe observar con cuidado.
El reclamo contra Republicanos
Sin embargo, otra parte de la conversación apuntó directamente al partido del Presidente. Según participantes, varios diputados pidieron a Alvarado y Arenas que el Gobierno ordene a Republicanos, cuya relación con la UDI se ha deteriorado entre descalificaciones y emplazamientos públicos.
Hay algunos que califican como “matonesca” la actitud de ciertos dirigentes republicanos y cuestionan que recurran a amenazas y descalificaciones contra sus propios aliados.
Recordaron, además, acusaciones constitucionales promovidas por ese partido durante la administración anterior que, a juicio de los gremialistas, no tenían mérito suficiente y terminaron empujando a la UDI a respaldarlas.
El reclamo fue más amplio que una disputa puntual: resulta difícil construir una coalición estable, transmitieron, si el partido del Presidente no contribuye a ordenar las relaciones internas. Las diferencias por Rabat han hecho más visible una tensión que venía acumulándose.
Una visita sin los votos asegurados
Alvarado y Arenas llegaron a un encuentro que no había sido convocado para negociar la acusación constitucional, pero terminaron escuchando de primera fuente las dificultades que enfrenta el Ejecutivo para conseguir respaldo. Los asistentes describen una conversación franca, por momentos incómoda, aunque sin ruptura ni malos tratos generalizados.
La Moneda transmitió que Kast mantiene a Rabat; un sector relevante de la UDI respondió que no está dispuesto a garantizarle sus votos. Entre ambas posiciones queda una acusación cuyo texto aún debe analizarse y una bancada donde no existe unanimidad.
El asado de Concón, financiado con aportes de algunos de sus participantes y pensado como una pausa de camaradería, terminó dejando una señal política difícil de ignorar: el Presidente puede decidir mantener a su ministro, pero no puede dar por descontado que todos sus aliados estén dispuestos a pagar el costo de defenderlo.
Fuente: BioBioChile
