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Dos accidentes, dos historias y un mismo dolor: Paulina y Francisca recuerdan a Bastián y Matías, dos vidas que terminaron en las calles de Copiapó

No se conocían, pero hoy comparten una experiencia que cambió sus vidas para siempre. Paulina perdió a su hijo Bastián después de siete días hospitalizado tras un accidente de tránsito. Francisca perdió a su hermano gemelo Matías, de 27 años, cuando regresaba de entregar su último pedido como repartidor. Dos tragedias viales diferentes, dos familias atravesadas por el duelo y la necesidad de mantener vivas sus historias.

Hay ausencias que cambian para siempre la vida de una familia. Una habitación que queda vacía, una llamada que ya no llega y celebraciones en las que falta alguien. Para quienes pierden a un ser querido en un accidente de tránsito, la tragedia no termina cuando se despeja el lugar del siniestro. Comienza una vida distinta, marcada por los recuerdos y por la difícil tarea de aprender a vivir sin esa persona.

En Copiapó, las historias de Paulina y Francisca tienen un punto en común: ambas perdieron a un ser querido en accidentes de tránsito diferentes. Una perdió a su hijo; la otra, a su hermano gemelo. Hoy, sus testimonios permiten conocer quiénes eran Bastián y Matías más allá de las circunstancias de sus muertes.

Paulina: siete días de lucha antes de despedir a su hijo Bastián

“Muy de familia, muy habiloso, muy estudioso y muy inteligente”. Así recuerda Paulina a su hijo Bastián Eduardo Campoy, el único varón de tres hermanos.

Su relato comienza hablando de quién era él, de sus amigos, sus proyectos y del cariño que tenía por su familia. Una vida que cambió después de un accidente de tránsito ocurrido el 13 de agosto de 2025, cuando regresaba de su trabajo en dirección a Tierra Amarilla.

Según relata su madre, Bastián transitaba por la pista izquierda cuando se encontró con un vehículo que se detuvo repentinamente sobre un paso peatonal, sin señalizar, y sin las luces de emergencia. Ante esta situación, habría intentado esquivarlo y, durante esa acción, también habría procurado evitar a un peatón que cruzaba la calzada. En medio de estas maniobras perdió el control y sufrió graves lesiones.

Bastián permaneció siete días hospitalizado, período durante el cual su familia mantuvo la esperanza de que pudiera recuperarse. Sin embargo, finalmente falleció, dejando un profundo vacío entre sus seres queridos.

Desde entonces, Paulina comenzó a enfrentar no solamente el dolor de la pérdida, sino también una serie de interrogantes sobre las circunstancias en que ocurrió el accidente.

Uno de sus principales cuestionamientos apunta a las cámaras de seguridad existentes en el sector. Según denuncia, las imágenes no habrían sido periciadas y la grabación posteriormente se habría borrado.

Hoy, cuando habla de Bastián, Paulina vuelve a recordar al hijo que tenía toda una vida por delante. Su testimonio busca mantener viva su memoria y dar a conocer los antecedentes que, a su juicio, todavía necesitan ser esclarecidos.

Francisca: el último pedido de Matías antes del accidente fatal

La historia de Francisca está marcada por otra tragedia vial ocurrida en Copiapó. Su hermano gemelo, Matías Nicolás Malebrán Barraza, tenía 27 años. Estudiaba en Inacap y trabajaba como repartidor de Papa John’s.

Era alegre, carismático, humilde y muy cercano a sus amigos y familiares.

“Era una persona súper divertida, súper carismática, muy amigo de sus amigos. Era responsable, tranquilo, humilde y de un corazón enorme. Siempre estaba ayudando a los demás”, recuerda Francisca.

Matías amaba las motocicletas, los viajes y la música rap y hip-hop. También tenía un especial cariño por los animales.

El 1 de noviembre de 2025, mientras realizaba su trabajo como repartidor, sufrió un accidente fatal en la intersección de avenida Circunvalación con Luis Flores, en Copiapó.

Regresaba al local después de entregar su último pedido cuando fue impactado por un automóvil. Según los antecedentes de la investigación conocidos por la familia, el informe de la SIAT habría establecido que Matías circulaba con luz verde, mientras que el automóvil involucrado habría cruzado con luz roja.

Para Francisca, recordar a su hermano también significa hablar del esfuerzo que hacía para salir adelante, compatibilizando sus estudios con el trabajo.

“Me siento orgullosa del hermano que tuve, de que estaba trabajando honradamente, esforzándose. Era estudiante, se sacaba la mugre trabajando y murió trabajando. Él estaba entregando su último pedido y volvía al local para terminar su turno”, relata.

Una frase que resume el sentimiento de una familia que todavía intenta comprender cómo una jornada laboral terminó con la vida de un joven de 27 años.

Al cumplirse un año de su fallecimiento, familiares y amigos realizaron una caravana en su memoria, reuniendo a cerca de 30 personas entre motociclistas y automovilistas. La actividad fue una forma de recordar a Matías y mantener presente su historia.

Francisca explica que el proceso judicial ha sido complejo y que las lesiones sufridas por el conductor involucrado han generado dificultades respecto de una eventual responsabilidad penal.

“Uno se pregunta qué más podemos hacer. La culpa del accidente no la tuvo la familia de esa persona, pero tampoco nosotros tenemos por qué cargar con una pérdida tan grande. Al final, mi hermano ya no está y nosotros tenemos que aprender a vivir con eso”, expresa.

Historias diferentes que encontraron un punto de encuentro

Fue a partir de la historia de Matías que Francisca conoció a otras familias que también perdieron a sus seres queridos en accidentes de tránsito, entre ellas la de Bastián y la de Fabián, quien falleció mientras se desplazaba en bicicleta en el sector de San Pedro.

Así comenzaron a compartir experiencias, acompañarse y encontrar en otras personas una comprensión que muchas veces resulta difícil de encontrar fuera de quienes han vivido una pérdida similar.

Para Francisca, visibilizar estas historias también es una forma de generar conciencia sobre los riesgos de la imprudencia al volante.

“Hay personas que andan pendientes del teléfono, que se pasan las luces rojas, que no respetan los discos Pare ni los pasos de cebra. La gente tiene que entender que una imprudencia puede terminar con la vida de alguien y dejar a toda una familia destruida”, advierte.

Bastián y Matías tenían proyectos, afectos y una vida por delante. Hoy, sus nombres permanecen en la memoria de quienes los amaron y en los testimonios de dos mujeres que decidieron contar sus historias para que sus seres queridos no sean recordados solamente como víctimas de accidentes de tránsito, sino también por las personas que fueron.

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