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“¡Si prometemos, cumplamos!”: el duro emplazamiento del Te Deum a la clase política

La homilía en la Catedral de Copiapó lanzó una advertencia directa a las autoridades: cumplir las promesas, recuperar la confianza ciudadana y dejar de lado el protagonismo. También hubo referencias a migración, narcotráfico, violencia y al riesgo de que la ciudadanía pierda la fe en la democracia.

“Si prometemos probidad, cumplamos. Si prometemos ayudas, cumplamos”.

Con esa frase, pronunciada durante el Te Deum en la Catedral de Copiapó, la homilía elevó el tono de su mensaje político y puso en el centro del debate la responsabilidad de las autoridades frente a una ciudadanía que, según se planteó, está perdiendo la confianza en sus instituciones.

El mensaje no apuntó contra un partido o sector político específico. La crítica fue transversal y estuvo dirigida a quienes ejercen responsabilidades públicas.

La advertencia fue clara: prometer durante una campaña y hacer algo distinto una vez asumido el cargo termina debilitando la confianza en la democracia.

“Decir una cosa en campaña y hacer otra en el ejercicio del cargo es dispararnos a los pies”, señaló la homilía.

“Quiero la democracia para mi país”

Uno de los momentos de mayor contenido político llegó cuando el mensaje abordó directamente el escenario de pérdida de confianza en las instituciones.

La homilía sostuvo que cuando las personas perciben que sus autoridades no cumplen lo prometido, pueden comenzar a cuestionar el propio sistema democrático.

Frente a ese escenario, hubo una definición explícita:

“Quiero la democracia para mi país”.

La frase fue acompañada por una referencia directa a la experiencia de la dictadura en Chile y a la necesidad de evitar el retorno a períodos de pérdida de libertades.

El mensaje también planteó la necesidad de contar con partidos políticos fuertes, capaces de interpretar las demandas ciudadanas.

Pero inmediatamente vino una crítica más ácida: las colectividades no deberían transformarse en “el LinkedIn del que anda buscando trabajo”.

El “recado” a las autoridades

La homilía también cuestionó una política demasiado preocupada por la imagen y la exposición pública.

La metáfora elegida fue la del Desierto Florido.

La semilla, se explicó, permanece bajo tierra, no recibe aplausos y no necesita ser vista para cumplir su función. Por eso, el llamado para quienes ejercen cargos públicos fue “ser un poco más semilla y un poco menos flor”.

La referencia alcanzó directamente a las redes sociales y a la búsqueda de reconocimiento.

El mensaje reconoció que estas plataformas pueden ser útiles para informar y coordinar durante emergencias, pero advirtió que el servicio público no puede reducirse a fotografías, seguidores o “me gusta”.

La pregunta implícita fue incómoda: ¿se está trabajando para que la ciudadanía florezca o para que las autoridades sean vistas?

“No juntas para la fotografía”

Las recientes emergencias climáticas en Atacama también fueron utilizadas como ejemplo de cómo debería funcionar la política.

Durante la emergencia, autoridades, municipios, servicios públicos, policías, Fuerzas Armadas, organismos técnicos, funcionarios, voluntarios y comunidades trabajaron coordinadamente para responder a las consecuencias del temporal.

La homilía destacó precisamente esa colaboración y lanzó una frase que rápidamente puede convertirse en una de las imágenes políticas de la jornada:

“No juntas para la fotografía: trabajando juntas”.

El planteamiento fue que esa coordinación no debería aparecer solamente cuando existe una catástrofe, sino también frente a problemas cotidianos como la educación pública, la pobreza, la soledad de los adultos mayores, la situación de niños bajo protección del Estado y las familias que no llegan a fin de mes.

Migración: “Nadie merece ser humillado”

El mensaje también entró en uno de los debates más sensibles de la política nacional: la migración.

La homilía reconoció que corresponde discutir políticas migratorias, control fronterizo, cumplimiento de la ley y responsabilidades del Estado.

Pero estableció un límite en ese debate: la dignidad de las personas.

“Nadie merece ser humillado. Nadie merece ser despreciado por su acento, su nacionalidad, el color de su piel o su pobreza”, se afirmó.

La parábola del Buen Samaritano fue utilizada para reforzar el punto: antes de preguntarse de dónde viene una persona, la prioridad debe ser reconocer que existe un ser humano que puede necesitar ayuda.

Narcotráfico, bandas y violencia

El mensaje tampoco esquivó otro de los temas que tensionan el debate público: la seguridad.

Narcotráfico, bandas criminales y violencia fueron mencionados entre los desafíos que enfrenta la sociedad.

Pero el llamado no fue únicamente a responder con medidas de seguridad. La reflexión incluyó también fenómenos sociales y familiares, además del impacto de las nuevas tecnologías.

La idea planteada fue enfrentar un entorno difícil sin perder la capacidad de cuidar y servir.

“Resistir sin endurecernos”, fue la fórmula utilizada.

Un mensaje incómodo para la política

Más allá de las referencias religiosas, el Te Deum dejó un mensaje que atraviesa buena parte de la discusión política actual: la ciudadanía espera resultados y cumplimiento, no solamente discursos.

La homilía llamó a las autoridades a “hacer bien la pega”, conversar, trabajar juntas y no abandonar a quienes están sufriendo.

Y puso especial énfasis en una idea: el poder público no debería medirse por la visibilidad de quien lo ejerce, sino por la capacidad de generar mejores condiciones de vida para otros.

El mensaje terminó con una imagen profundamente ligada a Atacama: el Desierto Florido.

En una región acostumbrada a la aridez, la semilla representa aquello que permanece, trabaja silenciosamente y finalmente permite que aparezca la flor.

El recado político quedó planteado: menos protagonismo, menos pelea y más resultados. Menos “flor” y más “semilla”.

Y, sobre todo, una exigencia que atravesó toda la ceremonia: si se promete, cumplir.

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