Pamela Díaz, Humberto Sichel y otros rostros televisivos ya no solo compiten en la pantalla chica: ahora buscan audiencia, comunidad y negocios en YouTube. El auge del streaming empieza a reordenar la industria audiovisual chilena.
El consumo audiovisual dejó de estar atado a horarios fijos. Hoy se puede ver un programa en vivo, retomarlo más tarde, reproducir solo un fragmento o seguirlo desde cualquier lugar. Una forma de consumo impensada en los primeros años de la televisión.
Ese cambio también se refleja en cómo se informan los chilenos. Según el estudio “Confianza en la Televisión 2025” del CNTV, las redes sociales ya son el segundo medio más utilizado para informarse, con un 45%, solo por detrás de la televisión abierta, que alcanza un 52%. Más atrás aparece YouTube, en quinto lugar, con un 19%.
Sin embargo, existe una paradoja: pese a su alto nivel de uso, las redes sociales son también el medio que genera menor confianza. Solo un 21% de los consultados las considera confiables para informarse.
Aun así, el avance de estas plataformas ha sido acelerado. Hace apenas algunos años eran vistas principalmente como espacios de entretención, pero hoy disputan audiencia, influencia y avisaje a los medios tradicionales.
En ese escenario, no sorprende que varias figuras de televisión hayan decidido dar el salto y crear sus propios canales de streaming. Hace pocos días, Pamela Díaz lanzó “Once”, una señal de YouTube con programación en vivo de lunes a viernes.
La fórmula, eso sí, ya venía tomando fuerza. Antes aparecieron proyectos como Porcel TV, Fabrizio Copano y Humberto Sichel con “Somos Fabuloso”, María José Castro (“Lady Ganga”) y Valeria Luna con “Amikas”, además del fenómeno argentino “Luzu TV”, al otro lado de la cordillera.
En Chile, estos espacios han encontrado una mezcla que suele funcionar: rostros ampliamente conocidos de la televisión tradicional conviven con creadores digitales emergentes que, aunque menos visibles en la pantalla abierta, arrastran comunidades fieles y audiencias jóvenes.
Y los números empiezan a respaldarlo. Según cifras de Radar Escope, durante la semana del 6 al 12 de abril, Once Stream lideró el streaming chileno con 22 millones de reproducciones sumando YouTube, Reels y TikTok.
Detrás se ubicaron “Un amigo me contó”, con 19,4 millones, y DLT Sports, con 13,8 millones en las mismas plataformas.
En paralelo, dentro del ecosistema digital chileno, el programa más visto es “Tomás va a morir”, conducido por Edo Caroe junto a Tomás Leiva y Alejandro “Buffy” Barros. Luego aparecen “Martes de Pololeo”, de Somos Fabuloso, y “Vamo a Calmarno”.
¿Qué comparten varios de estos éxitos? Elencos frescos, figuras con paso limitado por la televisión tradicional y una fuerte presencia de humoristas. La excepción más evidente es Julio César Rodríguez.
También influye el tono editorial. Muchos de estos programas se alejan de la farándula clásica y abordan la contingencia desde una mirada crítica, pero relajada y cercana. A eso suman juegos, anécdotas personales e interacción constante con la audiencia, una fórmula difícil de replicar en la televisión tradicional.
Las licencias del streaming
Humberto Sichel reveló a BioBioChile que una de sus motivaciones para incursionar en estas plataformas junto a Fabrizio Copano tiene relación con la mayor libertad creativa que ofrecen frente a los medios tradicionales.
“Es una mochila un poco más liviana que los medios tradicionales, que es lo que te permite hacer internet”, señaló.
Y algo de razón hay en esa idea. En Chile, la televisión está considerablemente más regulada que las plataformas digitales. Así lo reconoce el propio Consejo Nacional de Televisión (CNTV), organismo estatal encargado de fiscalizar los contenidos emitidos por televisión abierta y cable.
“El CNTV no está facultado para tramitar denuncias sobre contenidos audiovisuales que se difundan por streaming, por alguna otra plataforma o red social”, advierten en su sitio web.
En televisión, por ejemplo, rige el horario de protección de menores, que actualmente se extiende entre las 06:00 y las 21:00 horas, tras una modificación que entró en vigencia en 2024.
Durante esa franja, los canales deben resguardar especialmente a niños, niñas y adolescentes, evitando lenguaje explícito, escenas de violencia, sexualidad o contenidos que puedan afectar su desarrollo integral.
A ello se suma el cumplimiento de normas sobre derechos de autor y otras obligaciones legales. El incumplimiento puede derivar en sanciones por parte del CNTV.
En internet, en cambio, no existe una autoridad equivalente que supervise horarios o contenidos de forma previa. Sin embargo, eso no significa que sea un espacio sin reglas.
Las principales plataformas operan bajo políticas internas y normas comunitarias que los creadores deben respetar. En el caso de YouTube, donde se transmite gran parte del streaming actual, se restringe contenidos con desnudos, sexualidad explícita, autolesiones, trastornos alimenticios, lenguaje vulgar extremo, violencia gráfica, crímenes, ciberacoso o uso de armas, entre otros. No obstante, sigue habiendo más libertad editorial que en la televisión abierta, donde además de los organismos reguladores pesan los propios lineamientos internos.
Por lo mismo, especialistas advierten que la libertad digital no debería eximir responsabilidades. Desde la Fundación Gabo, dedicada a promover el periodismo ético, recalcan que el trabajo informativo publicado en redes y plataformas debería regirse por los mismos principios básicos: no mentir, no tergiversar, verificar fuentes confiables y entregar contexto.
Un canal más allá de un podcast
Los primeros pasos de Sichel se dieron a través de la transformación del nombre del canal de Fabrizio Copano, el que se convirtió en “Somos Fabuloso” y los ayudó a tener una base de seguidores, relata.
Pero para el conductor de CHV el proyecto no es antojadizo: “Nos interesa mucho que esto se consolide en el paso del tiempo como un medio de comunicación y no como un podcast”, zanja de entrada.
“Lo que queremos hacer es tener varios programas, varios rostros y que el canal tenga un peso específico por sí mismo”, añade.
Y ahora el que está rindiendo más frutos es el dirigido por Alison Mandel y Pedro Ruminot, “Martes de Pololeo”; en este caso específico, revela.
Para Sichel, lo esencial para que funcione el proyecto es el en vivo y con ello las interacciones del público a través del chat.
“Lo que queremos es generar comunidad y yo creo que para eso internet es clave, porque al tener el chat en vivo te ayuda a que las personas puedan ser un integrante más de los programas, puedan opinar, puedan contar sus cosas, puedan mandar audios, puedan mandar fotos, chistes; nos funciona mucho. Al transformarlos en un protagonista más, se genera una comunidad súper interesante”, dice.
No obstante, el periodista reconoce que los canales de streaming en Chile recién se están encauzando: “Va a ir consolidándose con el tiempo, porque todavía, a diferencia de otros países, no todos están al tanto de lo que ocurre en internet, entonces está en una fase inicial. Me da la impresión de que este año sí, por lo menos, habrá aterrizaje de más canales”.
¿Es rentable el streaming?
Ahora, existen diversos motivos por los que cada vez más rostros de televisión han optado por apostar a los canales de streaming: su rentabilidad.
De acuerdo a Victoria Tibis de Jumpmedia Chile, empresa encargada de comercializar el contenido de programas como ‘Lugares que hablan’, ‘Siempre hay un chileno’, ‘Sin Editar’, entre otros, un programa o canal de streaming es una apuesta casi segura cuando hay un rostro consolidado que lo lidere.
“Hay programas rentables incluso antes de salir al aire y debutan vendidos. No siempre son ‘apuestas’, especialmente si vienen de la mano de creadores de contenido con trayectoria y buen posicionamiento”, explica.
Es que hoy por hoy los ingresos del streaming se sustentan -mayormente- en la publicidad, pero esta tiene que estar bien combinada entre comunidad, contenido y auspiciante: “Ahí está el valor real de este ecosistema. No en vender un espacio, sino en construir una asociación que le sirva tanto a la marca como a la comunidad del canal”.
A ello se suma que el rubro es “poco inestable”, ya que se comprende de un “ecosistema” conformado no solo por la transmisión en vivo, sino que además de otras plataformas de redes sociales.
Los costos del streaming
Más allá de la libertad editorial, una de las principales razones detrás del auge de los podcasts en YouTube y los programas por streaming es económica: producirlos cuesta mucho menos que levantar un espacio de televisión tradicional.
En términos simples, hoy es posible emitir un programa en vivo con una inversión relativamente baja. Incluso, en formatos básicos, basta con un celular de buena gama, micrófonos, un computador y conexión estable a internet.
Con equipamiento inicial de mercado, el piso puede bordear el millón y medio de pesos. Un teléfono de alta gama ronda el millón de pesos; un micrófono básico puede encontrarse desde los $10 mil; un notebook funcional desde los $400 mil; y un plan de internet hogar parte cerca de los $15 mil mensuales.
Pero más importante que el costo de entrada es el gasto operativo: una vez montado el set, un podcast puede funcionar con dos o tres personas, o incluso con el propio conductor manejando parte de la transmisión.
En televisión, en cambio, la estructura suele ser mucho más pesada. Para salir al aire normalmente se requiere estudio profesional, iluminación especializada, varias cámaras, switch de dirección, consolas de audio, escenografía, maquillaje, vestuario y un equipo humano amplio compuesto por camarógrafos, sonidistas, productores, directores, asistentes técnicos y personal de apoyo.
A eso se suman costos fijos elevados como arriendo o mantención de estudios, transporte de equipos, licencias técnicas, energía eléctrica y personal permanente.
Por lo mismo, mientras un podcast puede instalarse rápidamente, probar formatos y ajustarse semana a semana, un programa de televisión demanda mayor planificación, presupuestos más altos y estructuras menos flexibles.
Esa combinación entre bajo costo, rapidez y libertad creativa explica por qué cada vez más rostros conocidos han optado por migrar hacia YouTube y otras plataformas digitales.
El streaming aún no reemplaza a la televisión, pero sí le está quitando algo igual de valioso: talento, atención y tiempo de audiencia. Y en medios, eso suele anticipar cambios mayores.
Fuente: BioBioChile
