Durante muchos años se instaló la idea de que las rodillas se “desgastan” con el uso, por lo que muchas personas dejaban de hacer ejercicio. Hoy, de a poco, se ha demostrado que no es así y que las personas pueden realizar actividad física sin mayores complicaciones. Por ejemplo, hay estudios que muestran que el fútbol, el running y el básquetbol son excelentes para la condición física, pero, a su vez, son los que más exigen a estas articulaciones con el paso del tiempo.
En ese sentido, la artrosis puede determinar si un deportista de alto rendimiento, por ejemplo, puede seguir formando parte de su disciplina, obligando en muchos casos a realizar reposo, someterse a procesos de recuperación a cargo de un especialista o incluso a una cirugía, o bien, en otros casos, llevarlos al retiro de la actividad.
Francisco Guede, kinesiólogo y doctor en Ciencias del Ejercicio de la Escuela de Kinesiología de UNAB sede Concepción, explicó que “hoy la evidencia es bastante clara en este punto. Correr no parece aumentar el riesgo de artrosis de rodilla. La rodilla es un tejido vivo que se adapta a la carga. Lo que se ha observado es que los corredores no tienen más artrosis que las personas que no corren”.
Añadió que, en algunos casos, “quienes corren de manera recreativa podrían tener un riesgo similar o incluso menor”.
Recreación v/s alto rendimiento
Al respecto, Guede precisó que existen matices. “No es lo mismo correr de forma recreativa que estar en niveles muy altos de exigencia o tener antecedentes de lesiones previas. Pero, para la mayoría de las personas, correr es una actividad segura para las rodillas. En el fondo, más que un problema, el movimiento es parte de la solución”, señaló.
El kinesiólogo explicó la diferencia que existe entre correr de forma recreativa y correr a nivel de alto rendimiento en términos de salud articular. “En el caso de quienes corren de forma recreativa, generalmente lo hacen con cargas más moderadas. En ese contexto, la evidencia muestra que las lesiones pueden aparecer, pero tienen buen pronóstico y las personas se recuperan en semanas”, detalló. El académico UNAB añadió que no suele haber un impacto negativo sostenido en la salud articular. “En cambio, cuando se pasa a niveles más exigentes, como entrenamientos de maratón o volúmenes altos, el escenario cambia”.
Factores de riesgo
Los corredores de alto rendimiento presentan con mayor frecuencia alteraciones en la rodilla, como cambios en el cartílago o el menisco. Además, en estos niveles más altos influyen otros factores, como la edad, el peso o los años acumulados corriendo, que sí se asocian con una mayor probabilidad de alteraciones en la rodilla. “Correr de forma recreativa suele ser bastante seguro, mientras que en el alto rendimiento el riesgo depende mucho más de cómo se maneja la carga y de las características de cada persona”, afirmó.
El académico agregó que, al correr, existen factores de riesgo como la edad, ya que aumenta la probabilidad de presentar alteraciones en estructuras como el cartílago o el menisco. “Asimismo, un mayor índice de masa corporal puede asociarse con más riesgos de cambios en la rodilla. La historia también influye: personas con más años corriendo o con antecedentes de molestias pueden tener mayor probabilidad de presentar alteraciones”, expresó.
¿Cuándo hay que preocuparse?
El kinesiólogo advirtió que sí existen señales que indican que correr podría estar afectando negativamente las rodillas: “Una es cuando el dolor empieza a limitar lo que antes hacías sin problema. Por ejemplo, si aparece dolor en la rodilla al correr y te obliga a reducir la velocidad, la distancia o la frecuencia, eso ya se considera una lesión relacionada con la carrera”. Guede menciona un aspecto importante, ya que es clave fijarse en la evolución. “Si las molestias no desaparecen con el paso de las semanas o se mantienen en el tiempo, puede ser una señal de que la rodilla no está tolerando bien la carga”, manifestó.
Otro indicador, agregó el experto, es la intensidad del dolor, ya que cuando este aparece no solo al correr, sino también en reposo o en actividades cotidianas, puede sugerir un problema más relevante. Además, existen otras señales, como la necesidad de modificar de forma constante la manera de entrenar.
“En este contexto, lo importante es observar si el dolor se vuelve persistente, limita el rendimiento u obliga a cambiar la forma habitual de correr”, agregó.
Correr no desgasta el cartílago
El académico precisó que, al correr, las articulaciones no solo “resisten” la carga, sino que también responden a ella, por lo que el cartílago puede mostrar pequeños cambios; sin embargo, estos son temporales y se recuperan rápidamente. A largo plazo, se producen adaptaciones morfológicas en los tejidos musculoesqueléticos, incluyendo el cartílago, como cambios en su espesor, volumen o estructura.
“Estas adaptaciones dependen de factores como la carga, la duración del entrenamiento y el tipo de ejercicio. Incluso, hay estudios donde no se observan cambios o donde estos dependen del tiempo de exposición al entrenamiento. En simple, la evidencia no respalda la idea de que correr desgaste el cartílago de forma inevitable. Más bien muestra que, bajo condiciones adecuadas, el cartílago es un tejido dinámico que responde y se adapta al ejercicio”, sostuvo.
Proteger las rodillas
Para cuidar las rodillas, el académico UNAB afirmó que es clave la técnica de carrera que se utiliza: “Por ejemplo, aumentar la cadencia y reducir la longitud de la zancada permite disminuir las fuerzas que actúan sobre la articulación femoropatelar, ya que el pie impacta más cerca del centro de masa y se reduce el efecto de frenado en cada paso. También se ha observado que correr con una ligera inclinación del tronco hacia adelante o utilizar una pisada más adelantada puede disminuir la carga en la rodilla, aunque esto implica transferir parte del esfuerzo hacia otras estructuras como el tobillo o el tendón de Aquiles”.
En contraste, explicó que técnicas como dar zancadas largas, correr con baja cadencia o inclinar el tronco hacia atrás tienden a aumentar el estrés articular. “En este sentido, lo que protege a las rodillas es adoptar un patrón que reduzca los impactos y distribuya mejor las cargas durante la carrera”, finalizó.
