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[OPINIÓN] Esperanza responsable

La ciencia avanza y, cuando lo hace frente a enfermedades tan devastadoras como el cáncer de páncreas, despierta una esperanza legítima en pacientes y familias que conviven con diagnósticos complejos e inciertos. Justamente por eso, informar sobre estos avances exige cautela, responsabilidad y humanidad.

Un resultado prometedor en modelos animales es, sin duda, una buena noticia para la investigación, como ha ocurrido recientemente con el estudio liderado por el profesor Mariano Barbacid sobre cáncer de páncreas, difundido con amplia visibilidad mediática. Se trata de un paso relevante y valioso. Sin embargo, cuando se difuminan los límites entre investigación preclínica y tratamiento disponible, se corre el riesgo de alimentar expectativas que hoy la ciencia aún no puede cumplir. Convertir avances iniciales en mensajes de curación inminente puede transformarse, así, en una forma silenciosa de daño.

Los investigadores y médicos no solo cumplen un rol científico, sino también ético y social. Su voz tiene peso, credibilidad y autoridad. Por eso, cada palabra importa. No se trata de frenar la divulgación ni de apagar el entusiasmo, sino de contextualizarlo: explicar con claridad en qué etapa se encuentra un avance, cuáles son sus límites y cuánto camino resta antes de que pueda beneficiar a personas reales.

En oncología, la esperanza es un recurso delicado. Puede sostener, pero también quebrar si se construye sobre promesas prematuras. Comunicar con responsabilidad es una forma de cuidado. Los pacientes no merecen titulares grandilocuentes ni milagros anticipados. Merecen verdad, rigor y respeto por su vida, su tiempo y su dignidad.

La ciencia necesita recursos, confianza y apoyo social. Esa confianza se fortalece cuando la información se entrega con honestidad. Avanzar sí, entusiasmar también. Jugar con la esperanza de quienes luchan por vivir, nunca.

Dr. José Solis.

Oncólogo

Los Carrera Interclínicas.

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