El prurito vulvar, mejor conocido como la picazón en la vulva, es una afección que muchas mujeres, y sobre todo adultas mayores, padecen debido a distintos cambios asociados al envejecimiento. Saber cuándo esta molestia deja de ser normal es clave para tratarla a tiempo y descartar que sea una señal de una complicación o de otra enfermedad.
El doctor Matías Solari, ginecólogo de Clínica RedSalud Vitacura, explica a BioBioChile que el prurito vulvar es un “síntoma que muchas veces se atribuye solo a infecciones vaginales, como los hongos, pero en realidad existen múltiples causas que van desde infecciones y alteraciones crónicas de la piel hasta lesiones precancerosas o cáncer de vulva“.
Este síntoma es frecuente entre las mujeres y afecta con mayor intensidad a quienes se encuentran en la etapa posmenopáusica, debido a la disminución de hormonas.
“La falta de hormonas como los estrógenos hace que la piel sea más frágil y propensa a diferentes afecciones, desencadenando el síndrome genitourinario de la menopausia”, explica el especialista.
Además, señala que la disminución de la lubricación y el cambio en el pH natural de la zona hacen que “la vulva quede mucho más expuesta a irritantes externos, como la orina, el roce de la ropa o el uso de jabones comunes, los cuales terminan por desencadenar o empeorar la picazón”.
Entre las causas más frecuentes del prurito vulvar, el doctor Solari menciona la atrofia vulvar por la falta de estrógenos, la dermatitis de contacto —provocada por jabones, suavizantes de ropa o compresas—, las infecciones por hongos o bacterias y enfermedades de la pielcomo el liquen escleroso, el liquen simple crónico y la psoriasis vulvar.
Cómo distinguir cuándo una picazón en la vulva no es normal
Como orientación general, el especialista indica que el tiempo de evolución y la respuesta a medidas básicas de cuidado permiten diferenciar un cuadro pasajero de uno que requiere evaluación médica.
Una irritación temporal suele durar entre dos y cinco días, estar asociada a un desencadenante identificable —como el uso de un producto nuevo— y mejora una vez que este se elimina.
En cambio, un cuadro que requiere consulta médica persiste por más de una semana, tiende a empeorar progresivamente, no cede con medidas básicas de higiene y suele acompañarse de un picor tan intenso que altera el sueño o de cambios visibles en la textura de la piel.
Una picazón constante puede ser señal de algo más grave
Esta comezón puede ser indicio de enfermedades que requieren diagnóstico y tratamiento oportunos.
“El liquen escleroso, por ejemplo, es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel vulvar que se manifiesta con manchas blancas, engrosamiento o adelgazamiento de los tejidos; si no recibe tratamiento adecuado, puede dejar cicatrices permanentes y aumentar el riesgo de lesiones malignas a largo plazo”, señala el doctor.
La prestigiosa Clínica Mayo indica que cualquier persona puede contraer esta afección, pero las mujeres en la menopausia corren un riesgo mayor.
Asimismo, el picor crónico e intenso puede ser el primer síntoma de un cáncer de vulva o de lesiones vulvares premalignas, es decir, cambios en la piel que, sin ser cáncer, pueden convertirse en uno si no se tratan.
En otros casos, la comezón persistente puede deberse a enfermedades que afectan a todo el organismo y no solo a la vulva, como una diabetes mellitus mal controlada o trastornos tiroideos, renales o hepáticos.
“Por ello, la presencia de bultos, llagas que no cicatrizan, manchas blancas o rojas, sangrado o dolor localizado son señales de alerta que requieren revisión médica”, advierte.
Por esta razón, recomienda consultar con un ginecólogo si la picazón se prolonga por más de una semana pese a mantener una higiene adecuada, o si interfiere con las actividades cotidianas o el descanso nocturno.
Hábitos de higiene en la zona de la vulva
Para aliviar la picazón vulvar, el especialista recomienda lavar la zona genital una vez al día con agua tibia y, si es necesario, utilizar un limpiador neutro específico, sin detergentes ni perfumes.
También aconseja evitar las duchas vaginales, el uso de esponjas, las toallitas húmedas perfumadas y los desodorantes íntimos, ya que “estos productos suelen irritar más de lo que protegen”. Además, el secado debe realizarse con toques suaves, sin frotar.
En cuanto a la vestimenta, lo ideal es usar ropa interior de algodón, preferentemente de colores claros, evitar prendas ajustadas o de telas sintéticas y lavarla con detergentes hipoalergénicos, sin suavizante.
Fuente: BioBioChile
